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miércoles, 13 de febrero de 2013

El Coliseo Romano

Introducción

El anfiteatro de Flavio fue la obra de más envergadura construida en la cuidad de Roma durante la época clásica, sus dimensiones dan testimonio de ello y hasta hoy en día no deja de sorprendernos, más en cambio esta magnífica obra albergó alrededor de cuatro siglos la manifestación pura de la barbarie de la sociedad romana, los combates de gladiadores, entre éstos y animales y el ajusticiamiento de delincuentes representó la muerte de centenares de personas y a la vez el deleite de espectadores que desde la tribuna miraban complacidos como miles de personas morían en la arena.
Estos espectáculos sangrientos fueron apetecidos no sólo por los romanos sino por extranjeros que visitaban la ciudad con el fin de poder asistir a estos eventos que gozaban de fama alrededor de todos los territorios bajo control del imperio, a la vez que muchas ciudades romanas tenían sus propios espectáculos, eso sí en dimensiones mucho menores que las del Coliseo.
Es así que debemos conceptualizar al Coliseo romano como un símbolo de distinción y  poderío, construido con el fin de gratificar a la sociedad que en ese momento se concebía la dueña de todo el mundo conocido, en él se manifestaba la valentía, el coraje y el irrespeto por la vida humana y sobre la naturaleza, materializada en un escenario con un público enardecido y con su emperador a su lado, que en un momento de festín y vanagloria hacia de su diversión  el sufrimiento de seres humanos.
De lo anterior ahondaremos en adelante con información pertinente que nos permita tener un panorama más detallado de una sociedad que ha sido la inspiración de muchos estados aun hoy en día, realizaremos un aproximamiento al esplendor de un imperio que se extendió por toda la faz de la tierra conocida hasta ese momento y representó su grandeza en monumentos como el coliseo, manifestación en última instancia de una sociedad con alto índice de centralización, de crecimiento de las artes militares y arquitectónicas, a la vez que nos deja acercarnos a la realidad de los imperios como instituciones que crecen y llegan a un esplendor envidiable pero que a la vez decrecen y caen en la penumbra del olvido, de lo que quedan solo los vestigios de una sociedad que se desarrollo en un tiempo lejano y que la única manera de poder conocerla es por medio de la historia.
    

Breve descripción infraestructural del Coliseo y exposición de los espectáculos que se realizaban en él.

La construcción del Coliseo Romano se inició durante el reinado de Vespasiano (69-79), su estructura fue terminada por Tito (79-81) y decorado por Domiciano (81-96), todos los anteriores miembros de la Dinastía Flavia, de ahí que recibió el nombre de Anfiteatro Flavio, posteriormente en la Edad Media recibe el nombre de Coliseo debido a la presencia de una gran estatua de Nerón al lado del mismo.

 
 
 
 
A nivel estructural está construido de bloques de travertinos, hormigón y ladrillo a su vez “forma sobre sus dos ejes de 188 y 156 metros, un óvalo muy redondeado de 527 metros de contorno y eleva sus muros, que abarcan cuatro pisos, a 57 metros de altura” (Carcopino, 1942, p.367) .
Los tres primeros pisos están constituidos por tres hileras de arcadas superpuestas, guarnecidas de estatuas en la época del imperio. Estas sólo difieren entre sí por los órdenes de las columnas adosadas a sus pilastras, que son, respectivamente dórico, jónico y corintio. El cuarto piso presenta una pared sin arcos, a la que las pilastras semiempotradas dividen la fachada superior en paneles atravesados por ventanas y en su momento exhibían escudos de bronce, los cuales fueron agregados por Domiciano. En cada uno de los paneles sobresalen tres ménsulas que corresponden a similar número de  agujeros hechos en la cornisa. En las ménsulas se apoyaban las bases de los mástiles que sostenían un gigantesco toldo (Carcopino, 1942).
La cavea como se le llamaba a la tribuna ocupada por los espectadores comenzaba a “cuatro metros sobre el nivel de la pista con una plataforma (pódium) protegida por una baranda de bronce; sobre el podium se alineaban los asientos de mármol de los “privilegiados”-iba escribir los “abonados”-, cuyos nombres han llegado hasta nosotros” (Carcopino, 1942, p. 368) .
Las restantes graderías destinadas al público ordinario se dividían en tres zonas o maeniana,
“Las dos más bajas estaban separadas del pódium y separadas entre sí por un doble cinturón de praecinctiones,o sea corredores circulares horizontales bordeados de muros de pequeña elevación; entre la segunda y la tercera se interponía un muro de cinco metros de altura con puertas y ventanas, en el tercer maenianum tomaban asiento las mujeres, bajo un amplio voladizo sostenido por columnas. Sobre el voladizo se ubicaban, de pie, los peregrinos y los esclavos, quienes, excluidos de la distribución oficial de fichas de entrada o téseras (tesserae), no habían podido conseguir asientos en las graderías”(Carcopino, 1942, p. 369).
De acuerdo con Carcopino los Regionarios cuentan en el Coliseo 87000 loca, mientras que el autor menciona una cifra de 45000 el número de localidades sentadas y en 5000 el número de localidades de pie. La distribución del público dentro del edificio se caracterizaba por desarrollarse de manera eficiente sin provocar confusión y extravío. Cada asistente se dirigía hacia la entrada que le era indicada en una tabilla con inscripciones (Carcopino, 1942).
 La gradería y la muralla exterior están divididas por dos muros concéntricos que permitían tanto el tránsito de los espectadores como la instalación de galerías donde los visitantes paseaban en los entretiempos de los espectáculos o se protegían del fuerte sol del mediterráneo. 
Un enrejado metálico, distante cuatro metros de la base del podium, rodeaba la pista y defendía al público de los ataques de las bestias feroces que almacenadas en el subsuelo, emergían a la arena a partir de rampas especializadas. Éste subsuelo estuvo al principio dotado de canales, que permitieron en el año 80 inundar la pista y convertir la arena en un campo de batalla naval(Carcopino, 1942) .

En un principio en los municipios italianos y en las ciudades de provincia los magistrados tenían la obligación de brindar los munera al pueblo,  y para ello recurrían a los servicios de empresarios especializados los llamados lanistae. Éstos mantenían a sus expensas tropas de gladiadores que se caracterizaban por ser esclavos comprados y personajes atrevidos que se arriesgan a luchar en la arena atraídos por los premios y las fuentes sumas de dinero que les proporcionaban las victorias. Sin embargo posteriormente en Roma desaparece ese gremio, y es asumido por el príncipe.
Los procuradores funcionarios elegidos por el príncipe para ejercer el monopolio de los muneras tenían a su disposición edificios oficiales que servían para el entrenamiento de los gladiadores, muchos de ellos esclavos o prisioneros de guerra, así como para el almacenamiento de los animales exóticos, entre ellos “el cuartel del ludus magnus, construido probablemente en época de Claudio, y el del ludus matutinus, levantado por Domiciano, uno y otro sobre la vía Labicana”(Carcopino, 1942, p.370) .
El contingente de gladiadores estaba integrando de acuerdo a las aptitudes físicas y preferencias en el uso de armas de cada combatiente, así “los samnitas usaban el escudo (scutum) y espada (spatha); los tracios se protegían con una rodela (parma) y blandían un puñal (sica)” (Carcopino, 1942, p.372).
 
Los munera duraban habitualmente, como los ludi desde el alba al crepúsculo, cuando no hasta bien entrada la noche, como ocurrió a menudo en tiempo de Domiciano. Por tanto, para impedir que decayera el interés del público era necesario variar el aspecto de los combates, y a tal fin se obligaba a los gladiadores a luchar tanto en el agua de las naumaquias como en tierra firme del anfiteatro, a luchar en contra de animales feroces en las llamadas venationes, o entre los comunes duelos hombre a hombre conocidos como hoplomaquia (Carcopino, 1942).
Así, los espectáculos se caracterizaban por ser muy variados por ejemplo habían diversas clases de venationes unas inofensivas como cuando fieras amansadas y animales amaestrados rompían las sangrienta monotonía y cautivaban al público realizando increíbles actividades, 
“Lo que “Plinio el Antiguo y Marcial aluden con admiración y regocijo: panteras arrastrando dócilmente un carro; leones que cogían con la boca una liebre y luego la depositaban en el centro de la pista sin hacerle el menor daño; tigres lamiendo la mano del domador que acababa de azotarlos; elefantes arrodillándose con rendida humildad ante el palco imperial o trazando sobre la arena del redondel, con su trompa, frases en latín” (Carcopino, 1942, p.373).
Sin embargo existían venationes sangrientas en donde los animales exóticos provenientes de lejanos lugares eran admirados por el público, a la vez que eran devorados por otros animales o cazados por hombres, quienes “emboscados detrás de rejas o a la altura del palco del emperador –como más tarde lo hizo el propio Cómodo- arrojaban impunemente sus flechas a las fieras, que rugían de furioso dolor e inundaban la arena con sangre” (Carcopino, 1942, p.373).
 
 
En muchos casos estos espectáculos se lucían haciendo gala de una escenografía silvestre que recreaba el ambiente natural de los lugares donde residían los animales en cacería, lo que aunado a las destrezas del gladiador enaltecía el espectáculo. Los mismos se jugaban la vida en esas luchas contra “toros y osos, panteras y leones, leopardos y tigres; pero, yendo con frecuencia acompañados con una jauría de perros escoceses y siempre armados de teas encendidas, venablos, arcos, lanzas y puñales” (Carcopino, 1942, p. 373).
Los gladiadores se vanagloriaban de sus hazañas al duplicar el peligro de sus intervenciones, en algunos casos en lugar de emplear armas
“Molían a los osos a puñetazos o cegaban al león echando sobre su cabeza un manto; otros recibían el aplauso del público al excitar temerariamente el furor de los toros con un paño rojo que agitaban sobre sus hocicos, para luego eludir sus embates con ágiles fintas y tretas ingeniosas” (Carcopino, 1942, p.374).
Las venatio con las que la generosidad del príncipe gratificaba de ordinario al pueblo al atardecer después de los munera y como coronamiento del espectáculo gladiatorio, significó el sacrificio de una gran cantidad animales, por ejemplo “en el año 80 d. C en la inauguración del Coliseo por Tito murieron 5000 fieras y en dos muneras celebrados por Trajano se sacrificaron 2246 y 2243 animales" (Carcopino, 1942, p. 375).

 
La hoplomaquia era el combate de gladiadores propiamente dicho, a veces la lid era simulada recibiendo el nombre de prolusio o lusio según precediera al combate real o que ocupara toda la función o aun varias funciones seguidas. Esta se convertía en una muestra anticipada del munus, “exhibición impresionante de duelos no fingidos –sucesivos o simultáneos-, en los cuales las armas no estaban embotadas, los golpes no eran atenuados y cada gladiador sólo podía escapar de la muerte matando a su adversario” (Carcopino, 1942, 376).
En la víspera del combate un banquete reunía a quienes iban a luchar a muerte en el Coliseo. Al día siguiente el munus comenzaba con un solemne desfile
“Los gladiadores llevados en carro desde el ludus magnus hasta el Coliseo, apeábanse al llegar al anfiteatro y daban una vuelta a la arena en formación militar, el rostro altivo, las manos libres, seguidos de ayudantes que portaban sus armas; cuando llegaban frente al palco imperial, se volvían hacia el príncipe y, con el brazo diestro extendido en señal de homenaje, le dirigían la aclamación lúgubre y cruelmente verídica “¡Salve, Emperador, los que van a morir te saludan! ¡Ave, Imperator, morituri te salutant!” (Suetonio, Claud., 21 citado en Carcopino, 1942, p. 376).
Una vez finalizado el acto protocolar se revisaban las armas la probatio armorum con el fin de que la faena se realizara de manera eficiente, posteriormente se entregaban a los combatientes dando paso al sorteo para escoger a las parejas de enfrentamiento. Éstas podían coincidir en el uso del arma, pero habían ocasiones en donde se decidían enfrentar contendientes de distinta clase, un samnita contra un tracio por ejemplo y en funciones especiales para sorprender un diplomático extranjero se realizaban combinaciones extravagante “negro contra negro, como en el munus con que Nerón agasajó a Tiridates, rey de Armenia; o enano contra mujer, como en el munus organizado por Diocleciano en 90 después de Jesucristo” (Carcopino, 1942, p.378).
Cuando se iniciaba el combate el público estallaba de emoción desde las graderías, algo similar a lo que ocurría en los ludis
“El público del munus dividía sus aplausos entre los parmularii, preferidos por Tito, y los scutarii, por los que se inclinó Domiciano. Las apuestan o sponsiones se hacían como en los ludi; y, para evitar que la lucha fuese falseada por un secreto acuerdo  entre los combatientes, un instructor se mantenía al lado de ellos listo para ordenar a los lorarii o azuzadores que excitaran el ardor homicida de los gladiadores mediante innobles gritos: ¡Golpea! (verbera); ¡Mátale! (iugula); ¡Quemalo! (ure); y si los gritos no bastaban, los lorarii enardecían a latigazos a los gladiadores” (Carcopino, 1942, p.380).
El gladiador victorioso era recompensado después de cada combate con gran cantidad de piezas de oro y regalos preciosos. Este botín era transportado por él mismo a través de la arena, recibiendo el aplauso del público quien agradecía y felicitaba por el buen espectáculo brindado.
“Muy pronto conocía las dulzuras de la gloria y de la popularidad. Por la fama y la fortuna ese esclavo, ese criminal condenado por la justicia o ese ciudadano que decidió entrar a la arena, igualaba a los pantomimos de los teatros y los aurigas de espectáculos circenses más celebrados y aplaudidos” (Carcopino, 1942, p. 381).
Pero ese éxito y fama que brindaban los munus era efímero debido a los peligros que ello conllevaba, por lo que muchos gladiadores se proponían no solo ganar la palma que los acreditaba como ganadores del combate, sino que mediante sucesivas victorias podían obtener el apreciado sable de madera (rudis) que le otorgaba el titulo de honor y símbolo de liberación.
En el siglo II  después de Jesucristo, los emperadores decidieron entregar los rudis  a aquellos gladiadores que se destacaban por su excelente labor en los espectáculos lo que permitía acortar su servicio activo, Marcial elogió la benevolencia del emperador Domiciano:
“O dulce invicti principis ingenium por que en presencia de dos valentísimos gladiadores que a pesar o a causa de su arrojo no lograban definir el combate, el emperador detuvo el duelo, proclamando a ambos contrincantes triunfadores y enviando a cada uno de ellos la rudis de la libertad junto con la palma de la victoria” (Marcial, Spect., 20 citado por Carcopino, 1942, p. 382).
También Trajano en los naumachiae y munera del año 109 d. C ordenó que todos los combatientes que no sucumbieran en sus combates fuesen considerados libres, aunque estos casos son excepcionales dentro de toda la historia de los munus. Además se daba el caso de que muchos gladiadores que habían obtenido la libertad, decidían volverse a enrolar en los juegos, esto para no renunciar a la vida de lujuria y peligro que les brindaba los combates.
El desarrollo de los munera  llegó a representar por excelencia un actividad de gran envergadura, por ejemplo el emperador Trajano en el 107 d. C otorgó a la plebe un munus en donde actuaron 1000 gladiadores, en el año 113 una función del anfiteatro duró tres días en donde intervinieron 1202 parejas de combatientes y poco años antes el mismo Trajano ofreció combates que duraron del 7 de julio hasta el 1 de noviembre del 109 de nuestra era, actuaron en él 4912 parejas de gladiadores (Carcopino, 1942).
El munus, en realidad parecía que jamás podría ser desarraigado. Algunos emperadores magnáminos procuraron entonces mitigar su crueldad. Tito, Trajano y Marco Aurelio se esforzaron por ampliar, en el programa de sus fiestas, la parte del lusio, es decir, el simulacro de munus, Tito aficionado con extremo a esta esgrima inofensiva, no vaciló en intervenir personalmente en la organización de las lusiones de Reate, su ciudad natal.

 El papel socio-político de los anfiteatros en la sociedad romana.

En este apartado trataremos de analizar el uso socio-político que frecuentemente se le daba a los anfiteatros, para entender  la importancia que tenía para la sociedad y para el gobierno romano, para esto es conveniente entender cuál fue el proceso que llevó a una práctica hasta cierto punto aislada a ser una actividad manejada por el Estado dirigida hacía toda la sociedad romana.
De acuerdo con Freidlander fue en las ceremonias de D. Junio Bruto (…) en el año 490 a. C. cuando sus hijos Marco y Demetrio presentaron por primera vez en el foro de los bueyes un combate de gladiadores haciendo luchar a tres parejas de estos (FreídLänder, 1947).
Según la misma fuente posteriormente en el año 105 a. C., P. Rutilio Ruffo y C. Manlio fueron los que se encargaron de llevar esta práctica al carácter oficial, pero, ¿cuáles  fueron los motivos de que el estado romano se interesara por adoptar una práctica como esta? y ¿cómo pasa de ser una actividad para adinerados a ser una diversión accesible para todos los ciudadanos romanos?
 Según Cristina Delgado
“Dos factores influyeron en ello: por un lado, la multitud de indigentes que pululaba por Roma, cuya ociosidad constituía un peligro para el mantenimiento del orden ciudadano, a pesar de las distribuciones estatales de trigo y dinero; por otro la importancia que los gobernantes le concedían al apoyo popular” (Delgado, 1998, p.9-21).
 
Los anfiteatros no fueron sólo un lugar de diversión, sino también un lugar para que los emperadores, los cónsules y todos los demás hombres con cargos políticos obtuvieran popularidad y fueran apreciados por el pueblo, pues siendo ellos los que organizaban los juegos podían ganarse la admiración de la gente, además el misma autora menciona que en ese tiempo había muchos mendigos y desocupados en Roma, para ellos era atractivo ir a ver los espectáculos donde además se menciona que a veces repartían porciones de comida y para el Estado era favorable porque, al estar estas personas en el anfiteatro ya no andaban esparcidas por la ciudad donde podían provocar problemas, también los juegos eran para el estado una forma de ganarse el apoyo del pueblo, además de esto se puede considerar que el anfiteatro significaba una cierta libertad de expresión para el pueblo pues ahí podían gritar, reclamarle al gobierno o apoyar a sus gobernantes preferidos.
Se habla sobre la gran popularidad y admiración que se había ganado Nerón por medio de los espectáculos que presentaba en ellos y de la actitud con la que se mostraba frente a sus súbditos “para ganarse el favor de sus súbditos, en las graderías, el emperador debía abandonar toda actitud de reserva, e incluso, como diríamos hoy, debía esforzarse en «hacer pueblo»” .
Se muestra claramente en todo esto el deseo de los emperadores por simpatizar con el pueblo, se puede decir que al presentarse los emperadores en el anfiteatro y sentarse a ver los juegos, era una forma de decirle al pueblo que el emperador era como ellos, aunque hay que tomar en cuenta que el anfiteatro también era un lugar donde se marcaban claramente los estratos sociales de las personas, los campos más privilegiados eran los de los emperadores, luego los cónsules y así seguía decreciendo el grado de privilegio hasta llegar a la parte de más atrás donde le correspondía el lugar a las personas de menor rango social, los forasteros y los mendigos.
Se ha hablado de las ropas que se usaban en los anfiteatros que también marcaba el grado de rango social de las personas, pero a pesar de las diferencias de clases todos estaban unidos bajo un mismo techo y miraban juntos el mismo espectáculo, por lo que se puede decir que el anfiteatro era un medio para unir a la sociedad romana, como lo son hoy en nuestra sociedad algunos deportes. Los romanos en el poder tenían conocimiento de todo esto, sabían sobre la importancia de los juegos para legitimar su poder.
“La excelencia de un gobierno no se revela menos en la preocupación por los pasatiempos que en la que se tiene por las cosas más serias, pues si bien es cierto que es mucho más perjudicial la negligencia en este último caso, el perjuicio es mucho más grave cuando los pasatiempos son desatendidos; pues el pueblo es menos ávido de larguezas en dinero que en espectáculos; y, finalmente, las distribuciones de víveres y de trigo bastan para contener a la gente a título individual, pero el espectáculo es necesario para el contento del pueblo en masa” (Palabras de Fortón citadas en Augued, 1986).
En la anterior cita se pueden ver la importancia que otorgaba el gobierno a los juegos como medio de legitimación y la importancia que le daba el mismo pueblo, pues se dice que causaba aun más descontento  la disminución de los espectáculos que la disminución de las reparticiones de comida.
Hemos visto como los juegos eran de gran importancia para los gobernantes y como ellos estaban consientes de esa importancia, pero ahora pasaremos a ver la importancia que tenían para el pueblo. Al parecer el pueblo también se había creado una conciencia de que los emperadores debían de ganarse su aprobación y los anfiteatros eran el lugar donde el pueblo podía darle apoyo al emperador o mostrarse en su contra, de ser un lugar de diversión un anfiteatro podía pasar a ser casi un lugar de protesta donde se escuchaban los reclamos en contra del emperador, de esta manera se puede ver el anfiteatro como un lugar de dialogo, por supuesto no en todo el sentido de la palabra, pero si en el sentido de que se escuchaban las palabras del emperador y aunque fuera en una forma espontánea por medio de gritos, el pueblo podía hacerle saber al emperador si estaba de acuerdo o no con su forma de gobernar y con algunas leyes que se decretaban.
En las fuentes consultadas no se menciona si se llegaron a quitar leyes gracias a la intervención del pueblo, pero si se menciona que en ocasiones algunos condenados a muerte eran liberados gracias a que el pueblo se oponía a que los mataran, de esta forma el anfiteatro era para los gobernantes una forma de expresar su poder, pero también de hacerles saber que el pueblo tenía voz y que sus palabras cobraban valor en el anfiteatro.  
Según Ronald Auguet,
“Se vociferaba el nombre de un gladiador solicitando que saliera a la arena o que fuera liberado. La gente se tomaba, incluso, la libertad de reclamar una reducción de los impuestos o la abrogación de una ley; y, a veces, contrariamente a lo que solía ocurrir cuando aparecía algún favorito del emperador, o sea, en vez de recibirle con aplausos, se llegaba a demostrarle sentimientos hostiles que había que interpretar, lógicamente, iban dirigidos también a la persona del emperador” (Augued, 1986, p.38).
 
Detrás de los espectáculos que se presentaban en el anfiteatro había una intención de transmitir al público un mensaje, se habla de un “mensaje didáctico”, según dicho mensaje, los animales salvajes que se soltaban en la arena para ser cazados representaban a los enemigos de los romanos, los luchadores representaban los valores militares, además en los anfiteatros se castigaba públicamente a los que infringían la ley romana (Delgado, 1998).
En este artículo no se menciona, seguramente por ser obvió, pero vale la pena decir que el mensaje que se transmitía era el poder de Roma sobre su ciudad y la superioridad sobre todas las demás sociedades, también la costumbre de tomar prisioneros de guerra y ponerlos a pelear usando sus propios estilos se puede interpretar como una forma de mostrarle al pueblo romano la gran fuerza y poderío militar de los enemigos, que sin embargo habían sido derrotados por los romanos, esto sin duda se puede ver como una forma de representar al emperador y a los funcionarios militares como héroes, así que en cierta forma no se desprestigiaba al enemigo, simplemente se mostraba la idea de que el enemigo era muy fuerte pero los romanos eran aun mejor, pues lo habían logrado derrotar y ahora se divertían a costa de ellos.
 La otra práctica mencionada era el castigo de los criminales, sobre esto no hay mucho que explicar es simplemente la forma de mostrarle al pueblo lo que le pasaba a los que se atrevían a irrespetar el gobierno, además de esto se difundía un gusto por la guerra, creando en la gente un imaginario colectivo que hacía a los romanos sentirse como la mejor civilización, a la vez que se reducía la posibilidad de que el pueblo se pronunciara en contra del gobierno, a pesar de que como ya se ha mencionado el anfiteatro podía servir para reclamos, presentando un buen espectáculo se mantenía al pueblo contento y se evitaban posibles rebeliones “era ya cosa sabida que cuanto más se desgañitaba el pueblo en el circo, menos fuerza tenía su voz en las asambleas” (Augued, 1986).
Ya hemos mencionado casi todas las funciones políticas que cumplían los anfiteatros en la sociedad romana, pero aun hay una función que no fue planeada por los romanos, pero que en ocasiones fue de gran ayuda, esta función fue la de tener una milicia de reserva, pues se sabe que los gladiadores recibían entrenamiento y en caso de necesidad se podían utilizar en la guerra contra otros pueblos
“En el año 107 a. C., Mario cónsul de Roma promovió la reforma del ejercito, eliminando la posesión de tierras como condición  para entrar en él y reclutando nuevos soldados entre las clases bajas. La gravedad del la situación exigía el rápido y eficaz entrenamiento de tan inexpertos reclutas, con buen criterio eligió a los mejores gladiadores de la escuela de Aurelio Sacauro en Capua (canpania) para formar sus tropas. El resultado fue óptimo pues con ellas derrotó a la tribu  germana de los Cimbrios (101 a. C.)” (Delgado, 1998, p. 9-21).  
Teniendo en cuenta cual era la función de los anfiteatros  es conveniente analizar cuál era la condición de Roma en los años de la dinastía Flavia que fue en la que se construyó el más grande y famoso anfiteatro romano el Anfiteatro Flavio, para esto es necesario decir que en el año 68 d. C. había en Roma una descentralización política que había desatado una guerra civil, en la que primero Otón se colocó en el poder, pero sus tropas fueron incapaces contra las de Vitelio, Otón ante esto decidió suicidarse, Vitelio se apoderó del trono, pero gobernó con un régimen de terror  que puso en su contra al pueblo y a muchos senadores, fue entonces cuando Vespasiano, ayudado por las tropas de Tito Julio Alejandro, se colocó en el poder y así daría inicio a la dinastía Flavia, en el gobierno del mismo Vespasiano es cuando se comenzó la construcción del gran Anfiteatro Flavio . 
Es importante mencionar que para el año en que Vespasiano tomó el poder de Roma, no había anfiteatro en dicha ciudad, porque anteriormente había existido el Estatilio Tauro, que era un anfiteatro de piedra, pero este había sido destruido desde el año  57 posiblemente en el incendio que provocó Nerón y posteriormente lo que había era un foro de madera para presenciar las peleas de gladiadores.
Tomando en cuenta lo anteriormente analizado sobre las funciones que tenían los anfiteatros para mantener al pueblo de acuerdo con el estado y para mostrar su poder y legitimarse, entonces en una sociedad donde había tanta descentralización política, se necesitaba algo para volver a unir el pueblo en favor de la nueva dinastía Flavia y como para los emperadores romanos la forma de ganarse  el aprecio del pueblo que conocían era halagándolo y presentándole grandes espectáculos, se puede decir que la construcción del gran Anfiteatro Flavio, era la mejor forma de legitimar su poder, además de esto Roma era la ciudad más importante y había que construir algo que así lo demostrara.
 

Conclusiones
Podemos finalizar este trabajando mencionando la importancia que han tenido a lo largo de la historia los espectáculos o diversiones publicas dentro de las sociedades, estos aunque eran vistas como espacios de ocio por la población, podían funcionar a la vez como medios de dominación y control social, algo aprovechado por los gobernantes romanos quienes rápidamente se dieron cuenta del gran potencial que los espectáculos les podían brindar a sus intereses políticos.
Es así que para mantener contenta a la población los emperadores se dieron a la tarea de ofrecer los mejores combates gladiatorios, de esta manera se aseguraban el apoyo del público y por lo tanto su estabilidad en el poder no peligraba en parte, ya que aunque la popularidad del emperador fuera necesaria, esto no evitó las usurpaciones dentro de las mismas familias dinásticas.
Además el Coliseo representó un lugar de entretenimiento de vital importancia dentro de una ciudad que se caracterizaba por albergar gran cantidad de población, la cual demandaba espacios de diversión que borraran por momentos las grandes diferencias sociales de la misma, y por lo tanto propiciar un ambiente de estabilidad, aunado a ello las combates gladiatorios eran una actividad muy arraigada dentro del pueblo romano, lo que evidencia el porqué otras actividades deportivas como los juegos griegos no tuvieron mucho éxito dentro la misma población, quien mantenía cierto recelo por lo extranjero.

 
 
 

Bibliografía
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Cristina delgado Linacero, Pan y circo los juegos romanos del circo y el anfiteatro, U.C.M. Madrid (octubre 1998)
http://www.ucm.es/centros/cont/descargas/documento4786.pdf  Fecha de acceso: 21 de setiembre del 2012-09-21
E. Guhl y W. Korner, Los romanos su vida y costumbres. España: Edimat Libros, S.A, 2002.
Jérome Carcopino, La vida cotidiana en Roma. Argentina, Buenos Aires: Tall. Gráficos Frigerio, 1942.
Josefa Espinós Soliveres, Así vivían los romanos. España: Anaya, 1994.
L. FreídLänder, La civilización romana. México, Fondo de cultura, 1974.
Michel Grant, El mundo romano. Madrid, Ediciones Guadarrama, 1960.
Miguel Ángel Novillo López, Breve Historia de Roma. España, Imprenta Fareso, 2012.
Roland Augued, Civilización y crueldad los juegos romanos. Barcelona, Orbis, 1986.
http://www.librosmaravillosos.com/losjuegosromanos/capitulo07.html, fecha de acceso: 27 de septiembre de 2012.

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